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LOS PROBIOTICOS EN AVICULTURA


El uso de los llamados Probióticos en especies de explotación zootécnica, como reproductoras, ponedoras comerciales, y especialmente pollo de engorde, en los cuales se han logrado niveles de productividad verdaderamente sorprendentes y cada vez más difíciles de superar, ha adquirido mayor importancia, como una alternativa de mejoramiento de los procesos digestivos y de la preservación de la salud, primordialmente en el inicio de la vida productiva, etapa crítica y definitiva para un óptimo rendimiento.

El concepto del uso de los microorganismos que ayudan a la digestión, absorción y aprovechamiento de nutrientes y a la integridad y desarrollo de la mucosa intestinal y en especial de los vellos intestinales, ha sido una inquietud científica y práctica tanto en el hombre como en los animales, desde hace ya bastantes años.

El conocimiento de los efectos benéficos de algunos de los microorganismos que componen la llamada flora intestinal tiene su inicio a principios del siglo XX, con el científico Metchnikoff a la cabeza, quien concentró sus esfuerzos en el conocimiento de las funciones y mecanismos de acción de las principales bacterias que conforman la eubiota normal, motivado por la observación posteriormente confirmada, de la relación existente entre el consumo de cultivos lácteos fermentados con Lactobacillus y la baja incidencia de enfermedades y la longevidad de la población humana de Bulgaria.

La investigación de este tipo de cultivos se continuó hasta la década de los años 30, hasta el descubrimiento de los primeros antibióticos, época en que se vio marginada transitoriamente, para reanudarse a principios de los años 60, cuando se comenzó a debatir el reto de la producción limpia y empezó la prohibición del uso de antibióticos como promotores de crecimiento, lo cual ha culminado en una legislación estricta, que proscribe su utilización en toda la comunidad europea y otros países de avanzada, que se preocupan por sus efectos potencialmente peligrosos para la salud humana y la ecología.

El término Probiótico fue sugerido inicialmente por Parker (1.974), en oposición al de antibiótico, para luego ser definido por Fuller (1.989), como “cualquier suplemento alimenticio constituido por microorganismos vivos capaces de beneficiar al hospedero, a través de un equilibrio de la microflora intestinal”. Posteriormente este mismo autor precisó el concepto, advirtiendo que para poder alcanzar la categoría de Probiótico, “los microorganismos deberían ser producidos a gran escala, permanecer estables y vivos en condiciones de almacenamiento, ser capaces de sobrevivir en el ecosistema intestinal y ayudar a los organismos benéficos con su presencia”.
Recientemente se han sugerido otros términos relacionados con la regulación de la flora y el medio intestinal normal, como el de prebióticos (“ingredientes alimenticios que no son digeridos por la porción proximal del tracto gastrointestinal - TGI- de monogástricos, y que proporcionan efecto benéfico al hospedero, por estimular selectivamente el crecimiento y/o metabolismo de un limitado grupo de bacterias residentes del cólon que así procuran mejorar la salud del huésped”- Gibson et Roberfroid) y simbióticos (combinación de prebióticos y probióticos que se complementan entre sí y potencian su acción benéfica), como por ejemplo la asociación de FOS y bifidobacteria y/o Lactitol y lactobacilli (Collins y Gibson, 1.999).

Fisiología y microflora intestinal de las aves domésticas

Algunos tejidos presentan desarrollo posterior al nacimiento del pollito, entre los cuales se cuenta el Tracto Gastrointestinal (GTI), en particular la mucosa intestinal, que sufre un proceso de maduración en la fase inmediatamente posterior a la eclosión, en semejanza con lo ocurrido con los sistemas inmunológico y termorregulador. El intestino delgado y el páncreas presentan un crecimiento alométrico de 400% en relación con la carcaza del ave, en los primeros 23 días de vida, a la vez que el hígado crece en unas dos veces (Nitsan et al, 1.991). Es decir, que en las primeras dos semanas de vida del ave, alrededor del 37% de su ciclo de vida, el ave además de rendir al máximo, debe completar el desarrollo morfofisiológico de su sistema gastrointestinal. Adicionalmente, el pollito es sometido a una dieta sólida de alto contenido energético y proteico, especialmente en la primera semana de vida (si se usan preiniciadores). Por tanto, la necesidad de favorecer el crecimiento e integridad del sistema en la primera etapa de vida de las aves, se hace imprescindible si se quiere explotar al máximo su potencial productivo.

El intestino delgado (duodeno, yeyuno e íleon), cumple una función primordial en el proceso digestivo y en especial en la absorción de nutrientes. Estos procesos de absorción son enteramente dependientes de mecanismos que se llevan a cabo en la mucosa intestinal. Por tanto, el grado de desarrollo y la integridad de las células que componen el tejido intestinal, son fundamentales para una adecuada absorción de los nutrientes.

La mucosa intestinal está constituida por células llamadas enterocitos, los cuales son los responsables del transporte de monómeros hacia el interior de las células y de ahí a la corriente sanguínea. La maduración de los enterocitos ocurre durante la migración de la cripta a la punta del vello intestinal. El número y tamaño de los vellos intestinales depende así mismo del número de células que lo constituyen. Así, cuanto mayor número de células, mayor el tamaño del vello y por consiguiente, mayor el área de absorción de nutrientes.

Existe una prolongación de naturaleza polisacárida del enterocito que penetra en el lúmen intestinal, el llamado glicocálix o fimbria, cuyas funciones también son importantes en los procesos digestivos, especialmente en el mantenimiento de la cama acuosa próxima a la mucosa intestinal. Otro rol de la fimbria es su capacidad de ligar bacterias patógenas y no patógenas en sus receptores, para mantener la sanidad de la mucosa intestinal.

Desde el punto de vista de la producción avícola, especialmente en lo que atañe al pollo de engorde, es fundamental el favorecer el desarrollo de la mucosa intestinal así como el mantenimiento de su integridad, pues este tejido es la vía de ingreso de los nutrientes y por tanto de la posibilidad de convertirlos en carne. Así mismo, si consideramos la participación del valor de la alimentación en los costos totales (aproximadamente 70 a 80%), el aseguramiento del óptimo aprovechamiento de los nutrientes es obviamente definitivo en el buen desempeño, la productividad y los costos de producción.

De otra parte, el número y composición de los microorganismos que conforman la microflora intestinal de las aves, varía considerablemente a lo largo del tracto gastrointestinal. El intestino del ave es prácticamente estéril a su nacimiento, desarrollándose su flora intestinal en las dos primeras semanas de vida. Esta flora es específica y está determinada por las condiciones fisico-químicas del sistema digestivo y por la clase de microorganismos que logren colonizarlo. Aunque el sistema mismo tiene una serie de mecanismos defensivos, es inevitable que en ocasiones lleguen a la flora bacterias causantes de enfermedades, o que algunas de las que permanecen en forma saprófita sin causar daño, se virulenten o se vuelvan patógenas, por factores exógenos diversos (cambios de alimentación, infecciones, contaminaciones, parasitismos, tratamientos con antibióticos), los cuales provocan el rompimiento del equilibrio del sistema y de su microflora.

Así mismo se ha venido insistiendo últimamente en el impacto negativo que tiene en la flora intestinal, el estrés fisiológico y medio ambiental causado por innumerables factores. Algunos estudios han demostrado que condiciones extremas de estrés causan disminución significativa del número de lactobacilos, generando una disbiosis perjudicial.

Función de los Probióticos:

Aparte de las propiedades inherentes a la exclusión competitiva para con los microorganismos patógenos que impiden o evitan la colonización del sistema por bacterias indeseables, los probióticos aportan una serie de beneficios al hospedero, como:

- Producción de vitaminas del grupo B, Acido Fólico y K (menadiona), así como algunos ácidos grasos de cadena corta.
- Ayuda en la degradación de algunas fuentes alimenticias no bien digeridas por las aves, como la celulosa.
- Mantenimiento de la integridad de la mucosa intestinal, sirviendo de agente trófico del epitelio.
- Estímulo de la respuesta inmune, aumentando el número de linfocitos intraepiteliales, células plásticas y placas de Peyer.
- Mantenimiento del pH normal del tracto gastrointestinal. Las aves, en su primera etapa, carecen de la capacidad para producir suficiente ácido para mantener el pH bajo óptimo, lo cual favorece la colonización de bacterias patógenas que se desarrollan en medio alcalino (pH 6 a 7).
- Formación de ácidos benéficos para la digestión y absorción de nutrientes, como láctico, acético y fórmico.

Características que debe tener un buen Probiótico:

El conocimiento sobre los probióticos, su función y modo de acción en el ave, han permitido establecer una serie de condiciones y características que determinan el grado de efectividad y beneficio de utilización en la producción avícola, entre los cuales se destacan los siguientes:

- Deben contener una alta concentración de microorganismos, de reconocido efecto benéfico.
- Adecuada Viabilidad: resistencia a las sales, temperaturas altas y pH bajo.
- Capacidad de adherencia al epitelio intestinal (a las fimbrias).
- Los microorganismos que conforman el probiótico deben ser pobladores normales del Tracto Gastrointestinal.
- Habilidad para colonizar el TGI.
- Competir en forma excluyente con las bacterias patógenas, ocupando los receptores celulares de adherencia y generando un ambiente hostil a ellas.
- Producir ácido láctico y peróxido de hidrogeno.
- Tener especificidad. No solamente es importante conocer qué microorganismos conforman el producto, si no conocer su efecto y su modo de acción y para qué se incluyen en la formulación. La mayoría de probióticos tienen como base de su formulación microorganismos de los géneros Lactobacillus (especialmente acidophillus), Bacillus (generalmente subtilis) y Streptococcus (faecium o lacticum). Sin embargo, una mayor variedad de especies (conocidas en su efecto), pueden generar beneficios adicionales y sinérgicos.